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6 jun. 2016

Cuando la costumbre se convierte en protocolo


Post de Paula Romero

Hay determinados gestos en nuestras vidas -gestos relacionados con el protocolo- que por tener tan interiorizados y normalizados, no nos hemos parado a pensar de dónde provienen. Las normas protocolarias no tienen más origen que acontecimientos que marcaron su desarrollo con el paso de los años, que se fueron integrando como parte de las costumbres hasta llegar a ser la forma más adecuada para demostrar educación en los diferentes actos sociales y ceremoniales.

Si echamos un vistazo al pasado, veremos que los gestos de saludos o los recibimientos, entendidos hoy en día como normas protocolarias, guardan relación con la paz, con el respeto o con la confianza. Os muestro algunos ejemplos. En los países árabes, por ejemplo, se recibe a los invitados con un ceremonial que consiste en ofrecer leche y dátiles, que simbolizan buena intención y amistad. Este ritual continúa vivo en las ceremonias nupciales por ejemplo, en las que se ofrece a los novios un vaso de leche como símbolo de felicidad y un plato de dátiles como símbolo de prosperidad y fortuna.


En el protocolo militar, las salvas son otro ejemplo. Según los anglosajones, el saludo al cañón tiene su origen en torno a los siglos XVI y XVII, y consistía en descargar la artillería ante el buque o fuerte objeto del saludo en señal de desarme, demostrando la ausencia de intenciones hostiles. Por otro lado, esta explicación proviene de una tradición mediterránea más antigua, que trata de festejar los acontecimientos armando el mayor ruido posible. Esta demostración se prolongó tanto en el tiempo que se transformó en una costumbre que se sigue practicando hoy en día en señal de bienvenida, saludo o conmemoración de grandes acontecimientos.  

Otro ejemplo lo encontramos en la costumbre de dar la mano como saludo. En la antigua Grecia, cuando dos personas se encontraban, primero sacaban la daga para ver la reacción del contrario y si no se insinuaba intención de atacar, se acercaban y, en lugar de darse la mano, se agarraban de la muñeca derecha en señal de que no se apuñalarían a traición. En Japón, sin embargo, las reverencias, más que una forma de saludar, son una forma de respeto. Su significado real es el de poner la parte más débil del cuerpo en manos del contrario, en señal de confianza y de respeto hacia la otra persona.

Curioso, ¿verdad? Ahora la pregunta es… ¿seguirán teniendo el mismo significado en el futuro?

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